jueves, 29 de marzo de 2012

Huevos y conejos para celebrar la primavera


William Holden Hunt. Nido y flores.

Desde tiempos antiguos el ser humano ha rendido culto a la fertilidad. Deseamos que nuestras cosechas sean prósperas, que la tierra nos regale un estallido de flores, y que podamos recoger grandes cantidades de frutos de nuestros queridos árboles, o incluso (más en otros tiempos que hoy en día) ver nuestros hogares poblados de niños.

Los griegos adoraron a Astarté, diosa de la fecundidad. Y la palabra “Pascua” tiene su pariente etimológico en la diosa teutónica Eostre (nombre propio que significa “brillo del Este”, a su vez asociado etimológicamente a la palabra “estrógeno”). La festividad de Eostre coincidía con el equinoccio de primavera, es decir, la época en que en la actualidad celebramos la Pascua.

Poco a poco las culturas precristianas anglosajonas empezaron vincular a Eostre simbólicamente con un mamífero muy prolífico, el conejo, y a los huevos en los nidos, utilizándolos como metáfora de aquello que está por nacer.
¡Si bien es cierto que los conejos no ponen huevos! Los conejos son estos preciosos mamíferos de orejas largas que se reproducen con gran facilidad. El periodo de gestación de la hembra es muy breve, y da a luz camadas numerosas (pueden ser de hasta veinte crías), con la particularidad de que puede volver a entrar nuevamente en fase de celo en un tiempo también muy corto.




La costumbre de asociar los huevos con el conejo probablemente deriva de la celebración del equinoccio del 21 de marzo que solía hacerse en los países nórdicos: tras el deshielo de las nieves, los campos se cubrían de color vistoso y de flores muy llamativas, y el ser humano –artista innato- sentía la necesidad de trasladar esos colores a los huevos que se ofrecían en el altar de la diosa pagana durante la fiesta. Los famosos huevos de pascua actuales podrían tener su origen en esta costumbre, ya que, además, los teutones antiguos contaban en sus leyendas de Pascua que los conejos incubaban los huevos.

En cuanto a los países de tradición cristiana, ocurría que existía la costumbre de ayunar durante la cuaresma, por lo que solía provocarse un excedente de huevos que después se utilizaban para regalarlos coloreados como presente por la Pascua. A partir del siglo XVIII, algún pastelero ideó vaciar los huevos de su contenido –es fácil hacerlo agujereándolos cuidadosamente con un alfiler y soplando por los dos orificios- y recubrirlos de chocolate.

Para todos aquellos que no hayan logrado encontrar nunca en su vida un momento de éxtasis saboreando chocolate, ni hayan experimentado nunca una particular atracción por los simpáticos mamíferos de orejas largas, pelo suave y devoradores de zanahorias, vaya la sugerencia de pararse a mirar los colores de las flores por los campos o de reparar en el deslumbrante cambio de luz y de matices que nos regala el equinoccio cada año por estas fechas.

domingo, 18 de marzo de 2012

El lúcido genio de Goya






Francisco de Goya legó a través de su pintura toda una visión filosófica y personal acerca de su tiempo y de la condición humana. Adelantado de su época (en pleno Rococó encontramos a todo un precursor temático del Romanticismo y el Surrealismo, y un avanzado estilístico del Impresionismo e incluso Expresionismo), el artista zaragozano fue también un cronista de los acontecimientos históricos de la transición entre dos siglos, y el creador de un mundo muy personal a través del reflejo de sus fantasmas particulares en sus dibujos.

La mente de Goya era la de un genio que supo traducir al color y a la forma sus impresiones sobre el mundo y su pasión ciclotímica por la vida. Mucho se ha especulado sobre la misteriosa enfermedad que dejó sordo a Goya a los 46 años. Hay quien sostiene que se trata del saturnismo, una intoxicación provocada por los pigmentos que utilizaba para pintar. Otros autores se atreven a mencionar la sífilis; y un curioso estudio de la psicóloga clínica Olga Martín Díaz (véase: Goya, pinturas negras, arte y psicosis. Editorial Zumaque) sostiene que Goya padeció posiblemente crisis mentales cíclicas, cuyas consecuencias en su carácter y en su pintura quedaron patentemente manifiestas. Y la larga y misteriosa dolencia padecida entre 1891 y 1892 podría ser una de ellas.

Lo cual no significa que Goya estuviese loco. Al fin y al cabo, se habla de “locura” como una etiqueta de “sin razón”; cuando en muchas ocasiones precisamente la mayor lucidez es la que manifiesta un aquejado de alguna dolencia mental, mal llamadas enfermedades.

A partir de 1893 vemos la huella de la sordera, el aislamiento, y el cambio de visión del mundo en la obra de Goya. Comienza a pintar una serie de personajes de la vida social, atistocrática y artística española, entre los que destaca el cambio de punto de vista expresado en los dos retratos de la duquesa de Alba, con quien mantuvo un idilio tras enviudar ella, según algunos expertos.

En el primer retrato, Cayetana aparece hierática, como un maniquí, distante y altiva.


En el segundo retrato, la dama mantiene su pose soberana, pero dista bastante de la pose de muñeca, y es una mujer de carne y hueso, de porte decidido y presencia rotunda, que señala una inscripción en la arena del suelo en la que se lee “Sólo Goya”.
El romance con la de Alba marcó un hito importante en la vida de Goya, pero supo mantenerse al margen a tiempo, y continuar con su pintura.


Comienza en 1799 la serie de Los Caprichos, una colección de 80 estampas al aguafuerte que comenzaron a venderse en la trastienda de una perfumería-licorería de la madrileña calle del Desengaño, y que finalmente fueron retirados por la censura.

En ellos se manifiesta el Goya ácido que critica la haraganería, la superstición y la ignorancia de la España de la época. Retrata la degradación social de la prostitución, la pérdida de valores: la falta de juicio, el fracaso de la enseñanza y la política, la sombra oscura que ejerce la Inquisición. Los rostros son más bien máscaras, las del ser humano anónimo que participa de todos estos despropósitos.

Goya vivirá el horror de la guerra (Guerra de la Independencia contra los franceses, 1808-1814), convertido en cronista –casi fotógrafo- de una galería de horrores espeluznantes, donde todos son víctimas y verdugos, eludiendo glorificar todo tipo de muestra de patriotismo o heroísmo. La profunda huella que dejan en el pintor todos estos acontecimientos y el impacto de lo presenciado, así como el balance de su vida (al finalizar el conflicto y con la vuelta de Fernando VII el deseado, Goya tiene unos 70 años) le hacen desear el aislamiento en una morada que adquiere a orillas del río Manzanares, La Quinta del Sordo.

En las paredes de este caserón de dos pisos pinta Goya la serie de Pinturas Negras, fruto posiblemente de un segundo brote ciclotímico. Se sigue especulando sobre las enfermedades de Goya. Quizá los únicos males del genio fueron haber nacido dotado de una sensibilidad suficiente como para captar a fondo la miseria de la condición humana, y haber vivido una circunstancia histórica en la que se puso de manifiesto de una manera particularmente descarnada. Por otra parte, Goya fue padre de 20 hijos, de los cuales sólo sobrevivió Javier. Seguramente la muerte de 19 vástagos dejó igualmente una huella muy profunda en la personalidad de Francisco de Goya.

En las Pinturas Negras con las que decoró la Quinta del Sordo reiteró su estilo crítico con la sociedad, a veces terrorífico al retratar los fantasmas existenciales y arquetípicos que acechan las vidas humanas, y la idiosincrasia mediterránea del pueblo español. El conjunto de la obra de Goya viene a expresar que “la libertad no existe, la verdad es peligrosa, y sólo queda una remota esperanza de que lleguen los frutos de la paz”.

Tras esta segunda grave enfermedad de su vida, Goya, anciano y agotado, se traslada a vivir a Burdeos. Allí terminará sus días confortado por las visitas de su hijo y de su nieto, y en la grata compañía del último amor de su vida, Leocadia Weiss, joven a la que había retratado junto a una tumba en las paredes de la Quinta del Sordo.

Uno de los últimos grabados de Goya enseña la figura de un anciano que camina con ayuda de bastones. “Aún aprendo” escribe el autor. Goya tenía 82 años, y hasta el momento de cerrar los ojos, sintió esa avidez por aprender la vida y filosofar sobre la condición humana, con la lucidez propia del genio ciclotímico.

sábado, 10 de marzo de 2012

Salto en busca de la vida

La vida es bella.
El tiempo pasa.
Atrévete y...
¡¡Salta !!


Fotografía: Jacques-Henri Lartigue


Fotografía: Elliot Erwitt


Fotografía: Tim Flach


Fotgrafía: William Wegman


Fotografía: Schnauzie

sábado, 11 de febrero de 2012

De claris mulieribus


El caballete de Marcia. Edición del siglo XV del libro miniado De claris mulieribus, de Bocaccio. Biblioteca Nacional de Francia.

El primer autorretrato del que tenemos noticia es el de Marcia (Iaia Cyzicena), famosa retratista que vivió en la Roma del siglo I a.C. Plinio el Viejo da cuenta del quehacer de Iaia describiendo cómo era capaz de pintar su propia imagen con ayuda de un espejo.

Sin embargo, una de las referencias gráficas representativas de Marcia es una miniatura perteneciente a la edición ilustrada del siglo XV de la obra De claris mulieribus, escrita por Giovanni Bocaccio. Las páginas del ejemplar, custodiado en la Biblioteca Nacional de Francia, muestran a la primitiva pintora romana portando ropas de estilo gótico, propias del siglo XV, y pintándose a sí misma. Este documento constituye una muestra de cómo eran en el medioevo los avituallamientos de un pintor. Nótese la curiosa forma de la paleta, el caballete, y cómo se sugiere, al colocarse los pigmentos en una mesa junto a quien pinta, que era el propio artista quien preparaba sus colores.

La Edad Media dejó nulo espacio para la actividad pública de las mujeres. Quien de ellas podía dedicarse a quehaceres artísticos o culturales como leer, pintar o escribir era, habitualmente, una dama noble con inquietudes intelectuales, o bien alguna monja cuya vida de retiro conventual le ofrecía posibilidades diferentes a las de una mujer de otra clase social, como las trabajadoras, o la mujer de la plebe que dependía de su esposo y dedicaba su existencia al duro trabajo del campo o del hogar, y a parir hijos.

De claris mulieribus(cuya primera versión data de 1374, aunque Bocaccio dedicó posteriormente veinte años más a revisiones y añadidos) recopila 106 biografías de mujeres históricas y mitológicas, para configurar la fuente más antigua que se conoce hasta el momento en Occidente sobre biografías de mujeres desde la Antigüedad hasta la época medieval.

A través de las existencias de estas 106 mujeres, Bocaccio ofrece un repaso por la vida privada y política de su época, así como de las costumbres seculares y religiosas, y también sus propias opiniones sobre la fama, la fortuna, el poder terrenal, el carácter de la mujer, las virtudes y vicios, los logros, los roles sociales, y los talentos individuales. El escritor suponía que la recopilación de las vidas de personajes "impíos" o poco virtuosos, se vería compensado por las exhortaciones a la virtud provenientes de las vidas de mujeres "buenas", que también hizo protagonistas de su obra.

La literatura ejemplarizante, de moda en la época, tuvo también una plasmación por parte de Bocaccio en una obra equivalente, con biografías masculinas De viris illustribus.


La pintora Thamar. Edición del siglo XV del libro miniado De claris mulieribus, de Bocaccio. Biblioteca Nacional de Francia.

domingo, 5 de febrero de 2012

Canto al infinito


El Sol

Cada mañana amanece un nuevo día en la Tierra. Podemos sentirnos tristes o alegres, enfermos o sanos, pero el Sol nos sigue saludando siempre con su luz, aunque quede oculto tras las nubes o la lluvia. El sol reina como uno de los cientos de millones de estrellas que pueblan nuestra galaxia, la Vía Láctea, situándose a 30 años luz del centro de la misma. Posee un diámetro 109 veces superior al terrestre, con una temperatura superficial de 6.000ºC.

Como la Tierra, el Sol también gira alrededor de una órbita, a una velocidad de 259 km/seg, por lo que tarda en completar una vuelta íntegra unos 25 millones de años. Nuestro amigo de fuego guarda en su geografía manchas y llamaradas que aparecen y desaparecen, en función de los fenómenos relacionados con el ritmo al que arden sus gases, sobre todo, el Hidrógeno, su combustible básico. Según los científicos, estas oscilaciones de manchas y llamaradas marcan ciclos solares de once años de duración. La superficie solar está constituida por “gránulos” de fuego, de unos 500 km. Emergen a partir de porciones calientes que salen a la superficie desde su interior, y aparecen y se extinguen, sucesivamente, en pocos minutos.

Todas estas cifras pueden causar cierto temor a seres pequeños y de corta longevidad como somos los humanos. Pero no resultan significativas en el baremo del Universo. De hecho, el sol es sólo una estrella mediana (ni mucho menos es grande en comparación con otros cuerpos celestes), que tuvo un principio originario y que tendrá un final en el que se extinguirá (de manera semejante a nuestras propias vidas).

Los hombres de Ciencia del siglo XX estimaron que el Sol terminará por enfriarse definitivamente hasta extinguirse, pero, antes de su final, se desarrollarán en su seno diferentes reacciones nucleares, que harán que se expanda enormemente. Cómo afectarán a la Tierra todos esos fenómenos, quizá no es tan predecible, aunque muchos científicos defienden que, como consecuencia, nuestro planeta se convertirá en un ascua gigantesca que acabará volatilizándose. Por ahora podemos dormir tranquilos, pues, según esas mismas estimaciones, faltan todavía unos ocho mil millones de años para que todo esto suceda.

La pregunta es si, entre tanto, los seres humanos, tan minúsculos y con existencias de longevidad casi nunca superior a un siglo, no habremos sido capaces de adelantarnos a los devastadores fenómenos del final de la vida del sol, y habremos terminado, mucho antes y por nuestra propia mano, con el planeta Tierra. Y es que el ser humano está cometiendo el error, mucho me temo, de subestimar su poder devastador.

Entre tanto, un ejercicio estimulante para afrontar cada día nuevo y cada amanecer estrenado, es dirigir la vista al cielo al salir de casa y contemplar la belleza inabarcable que nos ofrece el cielo cada mañana, emitir un canto silencioso al infinito. Por si, de tanto cantar, alguna vez llegara a crearse un magma energético que incitase a todo ser humano al cuidado amoroso de todas las cosas que nos rodean,a respetar con más rigor a este astro azul que es nuestro planeta.

jueves, 2 de febrero de 2012

Por eso vivimos



POEMA de Wisława Szymborska

Alma se tiene a veces.
Nadie la posee sin pausa
y para siempre.
Día tras día,
año tras año
pueden transcurrir sin ella.
A veces solo en el arrobo
y los miedos de la infancia
anida por más tiempo.
A veces nada más en el asombro
de haber envejecido.



CUENTO CORTO de Wisława Szymborska

Un gato en un piso vacío. Morir -eso a un gato no se le hace. Porque, ¿qué puede hacer un gato en un piso vacío? Subirse por las paredes. Restregarse contra los muebles. Nada aquí ha cambiado, pero nada es como antes. Nada ha cambiado de sitio, pero nada está en su sitio. Y la luz sigue apagada al anochecer. Se oyen pasos en la escalera, pero no los esperados. Una mano deja pescado en el plato y no es, tampoco, la de antes. Algo no empieza a la hora de siempre. Algo no sucede según lo establecido. Alguien estaba aquí, estaba siempre, y de repente desapareció y se empeña en no estar. Se ha buscado ya en los armarios, se han recorrido los estantes. Se ha comprobado bajo la alfombra. Incluso se ha roto la veda de esparcir papeles. ¿Qué más se puede hacer? Dormir y esperar. ¡Ay, cuando él regrese, ay, cuando aparezca! Se enterará de que estas no son maneras de tratar a un gato. Como quien no quiere la cosa, habrá que acercársele, despacito, sobre unas patitas, muy, muy ofendidas. Y, de entrada, nada de brincos ni maullidos.

sábado, 28 de enero de 2012

Llamaradas de sol





Enero de 2012. Nuestro sol, el astro de fuego que nos llena de vida cada día, pasa por una fase agitada de erupciones de potentes llamaradas.

Desde este pequeño planeta, mientras todos los seres continuamos impertérritos en nuestros quehaceres diarios, algunos privilegiados pueden acceder al bello espectáculo de las auroras boreales. Se dice que se producen como consecuencia de partículas de arena que han volado arrastradas por corrientes de aire atmosféricas desde los desiertos del hemisferio sur hasta el polo Norte del globo. El resultado, un cielo lleno de cortinajes gigantescos y oscilantes, que van cambiando de color durante unos minutos. Las llamaradas intensas que se están provocando en el sol durante estos días hacen más frecuente el espectáculo de las auroras.

La compensación para aquellos que viven o viajan a países tan fríos como Noruega o Suecia, es la posibilidad de admirar este fenómeno.

En esta imagen, una aurora en Tromso. Noruega, enero 2012

domingo, 15 de enero de 2012

Gyotaku: capturar en papel el alma de los peces


Gyotaku de la artista Victoria Rabal http://www.victoriarabal.com

Una curiosa distinción entre las religiones occidentales y las orientales es que las primeras sostienen que los animales, a diferencia de los humanos, no tienen alma.
Muchos años antes de que los científicos hayan demostrado empíricamente que los mamíferos sienten y empatizan con sus congéneres, las religiones orientales ya mantenían la creencia, desde muy antiguo, de que los animales tenían alma.

El Gyotaku es una técnica japonesa para capturar el alma de los peces. El término, compuesto por la palabra GYO -pescado- y TAKU -frotar- data de 1800, y se aplica a un sistema de impresión a tinta que consiste en entintar los peces que se venden en los mercados y pescaderías, e imprimir una estampa en papel.

Los resultados, poéticos y evocadores, no están exentos de riesgos técnicos. Cualquiera que haya probado las técnicas del grabado puede imaginar cuánta paciencia y pulcritud requiere un proceso en el que no puede quedar en el papel más mancha que la deseada, y el entintado debe ser igual en todas las zonas, y las diferencias de tensiones en el papel cuando se trabaja con una superficie con tanto relieve van a generar arrugas, irregularidades y recovecos imposibles.

La artista Victoria Rabal, especialista en obra en papel, ha inmortalizado con Gyotaku la esencia de los pescados que llegan al puerto de Barcelona. La pesca se distribuye a los mercados de la ciudad desde Mercabarna, y justamente allí es donde Victoria montó su mesa de entintar y se puso a hacer experimentos así de interesantes con el papel y los peces:







La condición de depredador del ser humano, aun natural como en otros animales, tiene a veces el matiz pernicioso del gusto por diezmar los recursos. Si concibiéramos el alimento como parte sagrada y noble del planeta, como regalo precioso que integramos en la cadena de producción de nuestras células, probablemente sólo mataríamos animales por estricta necesidad.

La contemplación del alma de estos peces plasmada para siempre por Victoria Rabal nos hace reflexionar sobre la esencia de la vida y de las cosas.
¿O acaso habrían estado estos peces (ya muertos) más bellos en ningún otro lugar?



http://www.youtube.com/watch?v=S4BdgXIqxY8

martes, 10 de enero de 2012

El milagro de la caja de los negativos de Capa, Taro y Seymour



”En 1939, cuando los alemanes se acercaban a París, metí todos los negativos de Bob en una mochila y me la llevé en bicicleta a Burdeos, para intentar embarcarla a México. Por la calle me encontré con un chileno, y le pedí que llevara mis paquetes de película a su consulado, para que no les pasara nada”.

Este fragmento procede de una carta que “Csiki” Weiss, laboratorista de Robert (Bob) Capa envió a Cornell Capa, hermano de Bob. Se trata de la última posible pista conocida sobre la caja con 4.500 negativos de imágenes (126 rollos de película fotográfica en blanco y negro) de la Guerra Civil española que apareció a finales del año 2007.

Robert Capa vino a España con Davir Seymour (“Chim”) y la fotógrafa Gerda Taro, que perdió la vida en trágicas circunstancias durante la contienda. Los tres amigos eran jóvenes de 23, 28 y 27 años, de diferentes procedencias geográficas (Hungría, Polonia y Alemania) que habían decidido comprometerse a difundir en la prensa europea las consecuencias del avance del fascismo.


Fotografía de Capa publicada en la prensa europea ("miliciano herido")

Llegaron a España con sus equipos fotográficos, y recorrieron los principales y tristemente famosos puntos álgidos de las batallas, disparando fotografías desde atrevidos ángulos, peligrosamente cercanos al cruce de fuego y estallido de bombas. La temeridad en la lucha por los ideales, seguramente, se habría convertido en alguna maniobra más prudente de haber tenido más edad aquellos tres reporteros.

Cuando las cosas se pusieron difíciles en España para los dos amigos que quedaron vivos y tuvieron que salir del país, una de las principales complicaciones fue poner a salvo el material. Bob Capa permaneció unos pocos años en París, con un nuevo colaborador, Weiss, el autor de la carta que señalábamos más arriba.


Retrato de Gerda Taro

Bob Capa vivió muy pocos años más, tras ser capturado por los alemanes en París. Muerto Bob, su hermano Cornell, exiliado en México, que tenía noticia por Weiss de que los negativos de su hermano debían de estar ocultos en algún lugar de este país, o en el consulado de algún país latinoamericano, se dedicó a buscar incansablemente esta caja de negativos por distintos lugares de México, Chile, e incluso en París, sin ningún resultado. Cornell envejecía esperando un milagro, sin saber que, a sólo tres calles de donde él tenía su domicilio habitual desde hacía muchos años, un viejo armario guardaba “la caja mexicana”.

El milagro se produjo a finales del año 2007. En el mismo vecindario que Cornell, una viejita que agonizaba en su domicilio, tía del director de cine mexicano Benjamín Tarver, hizo entrega a su sobrino de una curiosa y vieja caja que guardaba en un armario. Esta mujer había recibido este regalo de su amigo, el general Aguilar (un militar mexicano), hacía muchos años.

Cornell descubrió así, a sus 89 años (y pocos meses antes de su muerte) que los milagros existen. Y que a veces los tenemos mucho más cerca de lo que podríamos nunca sospechar.

Cabe ahora descubrir por qué la maleta con los negativos, que seguro que a estas alturas tiene "alma propia", ha decidido salir justo en este momento de la Historia de España y de Europa, y qué cosas tiene que contarle al mundo, o por qué hasta ahora no las había podido sacar de la oscuridad del armario donde fueron olvidadas.


Retrato de Robert Capa

“Fue una España donde nuestra generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que hay veces en que el coraje no tiene recompensa”. Albert Camus

martes, 20 de diciembre de 2011

Oficio de tinieblas


Cranach el viejo. Campesino y prostituta (1525-150)

Quisiera pensar que algún día, cuando abra cualquier periódico, faltarán por fin entre sus hojas esas páginas de anuncios "clasificados por palabras" dirigidos a hombres que compran cuerpos de mujer. Me gustaría que el espectáculo de la carne en la calle -chicas en pleno invierno, tiritando con minivestidos, y sufriendo el castigo de los tacones en sus pies y sus espaldas- cerrase algún año para siempre, por "eternas vacaciones", o, mucho mejor aún, por "falta de clientela".

La sociedad no podría por menos que sentirse estremecida si por un momento se detuviese a escuchar las voces de todas estas mujeres que, seguramente, no han tenido muchas más opciones en sus durísimas vidas que vender la dignidad al mejor postor, sometiéndola muchas veces a un trato que ha dejado de dolerles porque se han acostumbrado a ignorarse a sí mismas, o no han tenido tiempo nunca para escuchar el grito de dolor de su voz interna.

Pasamos impasibles las páginas de anuncios en los que se venden personas por horas. Nadie prohíbe esas páginas en los diarios, ni nos sentimos ofendidos porque las empresas de Comunicación se sigan financiando, de alguna manera, por estos medios. También hemos dejado de conmovernos ante la devastadora imagen de una mujer que ofrece su cuerpo en la cuneta más sucia de cualquier carretera, sentada en una silla de plástico (la última noticia al respecto es que han sido obligadas a llevar chalecos reflectores sobre sus uniformes sexies para evitar accidentes -¿cuántas de ellas habrán sido atropelladas antes de que alguien decidiera promulgar esta normativa?).

La ley del mercado es matemática: no habría oferta si no hubiese demanda. Desde estas líneas me gustaría plantear cuáles son los motivos que han llevado a la condición masculina, a lo largo de todos los tiempos, a usar el cuerpo de la mujer como si se tratase de una mercancía: saciar sus instintos primarios, someter a otro ser humano por unos instantes, pagar por lo que consideran un objeto de lujo, alardear ante los demás de una costumbre que no tiene nada de honorable (ni creo que pruebe la hombría de nadie), engrosar una lista de diversiones frívolas, o paliar un rato de soledad con una opción desacertada para tal fin...

Pienso en la mirada triste y aterrorizada de algunas chicas de la calle que han logrado escapar del infierno, y en lo novelesco -aunque tan real- de las historias de sus vidas: víctimas de redes de trata, obligadas a tomar drogas, a no dormir, a no comer, a trabajar a destajo, a pasar frío, a exponerse a enfermedades, a cambiar de país, a olvidar a sus familias. Observo cada día en las calles y carreteras de cualquier ciudad a tantas otras que no han podido librarse de su destino, o que la ignorancia, el miedo, o la debilidad, han hecho de ellas las esclavas perfectas para una sociedad desprovista de empatía, de ética, de compasión, de solidaridad.

¿Aportaría alguna solución fomentar campañas de sensibilización en la población adulta masculina? ¿la eficacia de una idea semejante pasaría por desarrollar esas campañas ya desde los años escolares? ¿a cuántos de nosotros, adultos, se nos ha ablandado la sensibilidad, en el último año, cuando nos hemos topado ante los ojos con las páginas de anuncios clasificados de un diario?

http://prostitucion-visionobjetiva.blogspot.com

jueves, 10 de noviembre de 2011

"¿Quién sabe si el alma del animal desciende bajo tierra?"

Dibujo de Goya

"Nunca se proclamará bastante que la explotación ilimitada del animal por el hombre, el libre ejercicio de la brutalidad de éste, su sadismo o (lo que es acaso peor todavía) de su obtusa indiferencia hacia esos seres,embarcados como él mismo en la aventura de existir, es una de las formas del mal. Una forma que ninguna religión, ninguna moral (al menos en nuestro Occidente) ha tenido el valor de denunciar, ni siquiera de encarar como es debido.

Y, por lo que parece, el enorme desarrollo actual de los medios técnicos, lejos de disminuir en algo -como hubiera podido creerse- el sufrimiento inútil, sirve más bien para aumentarlo, y tiende a anular todavía más la comprensión y la simpatía del hombre hacia lo que está vivo"

Marguerite Yourcenar


Cartel taurino de Miquel Barceló

martes, 8 de noviembre de 2011

Matsuo Basho



"Incluso los ojos de los peces están mojados por las lágrimas"

domingo, 16 de octubre de 2011

Transformar lo terrible en Bello: Assumpció Mateu



La pintora Assumpció Mateu (Gerona, 9 julio 1952) viaja en coche por una carretera, a cuyos lados aparece la visión real de un bosque ardiendo.
Hace muy poco tiempo que ha muerto su padre, y el dolor que la acompaña, se une a la dantesca visión de las llamas que devoran los árboles. Assumpció detiene el vehículo, y pasa un rato, del cual no puede llevar la cuenta -porque el tiempo interior no tiene medida- observando y sintiendo.


Todo buen pintor es un alquimista que transforma en belleza lo que siente y lo que piensa. Así lo hace de modo magistral Assumpció en su exposición El bosque Quemado; un trabajo exquisito (que ha completado con el tema de las prisiones íntimas, en su actual exposición en el Museo Würth de La Rioja).


www.youtube.com/watch?v=M8Bvrgf45Zs

Gracias, Assumpció, por mostrarnos así de acertadamente que el ser humano puede transcender lo terrible por medio de la belleza.

sábado, 8 de octubre de 2011

En un huerto de luciérnagas me he sentado a pensar



Necesitamos la luz para vivir, pero también la oscuridad para que exista la luz. De no ser por las tinieblas nocturnas en la tierra, o por la negrura abisal de los océanos, no existirían los animales luminosos. O no podríamos verlos.

Durante los veranos de mi infancia, recogía luciérnagas cuando iba de paseo con mi madre. Existía un camino repleto. Raptábamos algunas para llevarlas a nuestro jardín. Allí proliferaron, y nos alegraban las noches con su hermoso farolito verde. De unos años acá, las luciérnagas han desaparecido de todos los rincones conocidos: caminos, carreteras, jardines... me pregunto si será debido a los pesticidas y biocidas esparcidos por la mano humana. En cualquier caso, las echo de menos: no encuentro nada más bello que lo pequeño y misterioso.

Nos queda buscar las luciérnagas en las artes. La pintora Remedios Varo, a quien pertenece la autoría del título de este post, pensó en estos seres de luz para crear una poética de la palabra y de la imagen.

Encontré luciérnagas en el libro de Ana María Matute que precisamente lleva este título, Luciérnagas. Ambientado en la Guerra Civil española de 1936, narra el periplo de un grupo de unos -apenas- adolescentes a quienes la guerra ha despojado de cualquier resto de su universo de niños. Entre las luces blanquecinas de los bombardeos, estos chicos encuentran en el amor y la amistad su rincón de paz personal. En definitiva, un refugio seguro en su interior cuando todo lo de fuera se tambalea por la destrucción y el miedo.

Siguiendo en la caza de luciérnagas, también las encontré muy bellamente -y en una historia aún más triste que la de Matute, porque aquella tenía un final esperanzado, y los personajes eran ficticios- en la película de animación La tumba de las luciérnagas. El director japonés Isao Takahata cuenta la vida y la muerte de dos niños japoneses durante la II Guerra Mundial. El filme es un despliegue de virtuosismo de la animación, sobre todo por su sobriedad (valorable en una éooca en la que los dibujos Manga nos tienen acostumbrados a tamañas sofisticaciones). Sin embargo, se hace difícil resistir el visionado, por la extrema dureza de las circunstancias que narra; más si se tiene en cuenta que está basada en una historia real. La tumba de las luciérnagas es, sin concesiones, una de las películas más tristes -aunque más exquisitas- que pueden verse.

No deja de resultar curiosa la asociación de las luciérnagas, en estos dos casos, con los destellos de luz que proliferan en un ambiente bélico. De no ser por lo terrorífico y absurdo, las explosiones podrían resultar incluso bellas (recuerdo ahora otra imagen de otra película de animación, Vals con Bashir, con el protagonista bailando a ritmo de una preciosa música entre las balas...)

Los libros de biología explican que las luciérnagas fabrican su luz en un órgano especial situado en su epidermis, generándola por un proceso de oxidación de dos de sus enzimas (la luciferina y la luciferasa), en intervalos de unos 8 segundos. Es el fenómeno de la bioluminiscencia. Se trata, en este caso, de un mecanismo de las hembras para atraer a los machos. Nada que ver con las luciérnagas-bala que adornan el escenario de películas y libros situados, tristemente, en abientes bélicos.

Al ser humano le sucede lo que a los personajes de las novelas de Matute: en medio del caos y la desesperación, somos esos otros animales capaces de autorredimirnos en un acto de amor o de belleza. Por eso, también, podemos fabricar arte, otra manera de iluminar el mundo, aunque no tengamso en nuestro organismo enzimas luminosas.

Sirva este post de homenaje a las luciérnagas que conocí en aquel camino de mi infancia, que eran nada más -y nada menos- que gusanos de luz en un paisaje pacífico.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Sobre la verdadera experiencia de la vida



"Esta es, pues, la verdadera experiencia de un hombre: el llegar a conocerse a sí mismo. Conocer el mundo es interesante, útil, seductor; pero el conocimiento de uno es el viaje más grande, el descubrimiento más impresionante, el hallazgo más instructivo. Visitar Roma o el Polo Norte no es tan interesante como aprender alguna cosa sobre nuestro carácter; es decir, sobre la auténtica naturaleza de nuestras predisposiciones, sobre nuestra relación con el mundo, con el Bien y el Mal, con los hombres, con las pasiones. En el momento en el que mi espíritu se hizo suficientemente maduro para este descubrimiento, ya no me hizo falta buscar ninguna otra experiencia de la vida".
(Sándor Márai)